2014-07-24

Crónica Hellfest 2014, pt. I

Hola de nuevo, Clisson!
Aun sabiendo que carece de mucho sentido hacer una crónica de un festival un mes después, con la información instantánea que disponemos a día de hoy en cualquier tristepáginatrvejebimetal del tres al cuarto, cualquier periodista que se precie querría darle su sello personal a un evento tan magnífico como lo ha sido este Hellfest 2014. Así pues, con el retraso justificado por un agotador trabajo de horarios insufribles y Trabajos de Fin de Grado interminables, os traigo la crónica de lo que aconteció entre el 19 y el 22 de junio en Val de Moine, Clisson.



Después de un agotador viaje en autobús en un día seco y caluroso, la tarde del jueves 19 de junio pisamos el ansiado y renovado recinto del Hellfest, que nos dio la bienvenida con un "pueblo" lleno de música y color. Con nuestras correspondientes pulseras en la muñeca, el primer objetivo del día fue colocar la tienda de campaña en un sitio estratégico: ni demasiado lejos de la entrada, lo suficientemente cerca de los baños pero sin acercarnos tanto a su "delicioso" aroma. Pero para ello, la organización nos preparó una ingrata sorpresa por el camino: escaleras. Muchas escaleras hacia arriba, para, cinco metros más adelante, volver a bajar muchas escaleras. Parece una tontería, pero cuando llevas horas y horas de viaje y llegas allí con el camping, la ropa, la comida y la abuela haciendo spinning… lo único que deseas es matar al que ha tenido la maravillosa idea y desfallecer al llegar al otro lado.

El mal en forma de escalera. Pero qué buenas vistas ofrecía.
Después de pasar las agónicas escaleras y colocarnos en un sitio aceptable (junto al mismo vecino francés del año pasado, tócate las narices, que de casi 200.000 personas coincidamos con el mismo…), pudimos por fin disfrutar del ambiente festivalero que reinaba en las campas de Clisson, aunque la juerga no duró demasiado para nosotros, pues preferimos guardar fuerzas para lo que se avecinaba…

Día 1: Calor infernal en el festival del infierno

Amaneció un día caluroso en Val de Moine, demasiado, a decir verdad, ya que las temperaturas que alcanzamos aquél viernes 20 de junio hicieron justicia al nombre del festival. Con ganas de fiesta nos dirigimos a la entrada del festival para toparnos con la segunda sorpresa ingrata del fin de semana: colas eternas y estáticas para entrar al recinto a 20 minutos del comienzo. Incrédulos, esperamos bajo el ardiente sol mientras nos preguntábamos qué habría sucedido, ya que en años anteriores este tipo de situaciones eran impensables.

Por fin conseguimos entrar al recinto cuando Angelus Apatrida ya estaban estrenando el Mainstage 2 del festival francés. Nos colocamos en la primera fila para poder ver de cerca a nuestro compatriota Ekaitz Garmendia (ex-Legen Beltza), que sustituía al accidentado David Álvarez en las guitarras. El cuarteto descargó una buena dosis de thrash metal que acabó por despertarnos en himnos como Give'em War, la más reciente You Are Next y la final Legally Brainwashed. Un buen comienzo del día más loco del festival.

Ekaitz Garmendia, sustituto en la 'hacha' de David Álvarez en Angelus Apatrida.
Justo después de los albaceteños comenzaron los franceses Nightmare en el Mainstage 1, pero dejamos el escenario grande para dirigirnos al Valley, donde nos esperaban unos atronadores Conan que nos dejarían uno de los espectáculos más memorables del día. Comenzaron con Crown of Talons, con un sonido ensordecedor por el que tuvimos que retrasar nuestras posiciones mientras vimos a varios niños ondear las melenas subidos a los hombros de sus padres. El doom de los ingleses se apoderó de la abarrotada carpa con Foehammer, seguido de unos implacables Hawk as Weapon y Altar of Grief que dieron fin al show que se nos hizo cortísimo (y no es para menos… ¡4 canciones!).

Conan, a punto de dejarnos sordos
Volvimos a salir a la solana de Clisson en busca de ritmos más rápidos y dimos con ellos en la carpa Temple de la mano de Gehenna, un grupo de black metal (cómo no) noruego que nos hizo volar la cabeza justo antes de irnos a comer. A la vuelta, nos acercamos con curiosidad al Mainstage 1, donde Powerman 5000, hermano de Rob Zombie (sí, lo habéis leído bien) llenaba el recinto con su metal industrial bailongo. El público no pudo dejar de saltar al ritmo de canciones como Supernova Goes Pop y When Worlds Collide.

Otra vez en la oscuridad de la carpa, en el Altar nos esperaban los holandeses Hail of Bullets, dispuestos a ensordecer al personal al golpe de death metal. Comenzaron con Swoop of The Falcon, seguido de un Operation Z que desató la locura en Clisson. Tema tras tema, los de Martin van Drunen (vocalista también de Asphyx) descargaron un potente set que duró unos 50 minutos. Tokyo Napalm Holocaust y la brutal Ordered Eastward dieron fin a un demoledor concierto.

El primer gran subidón de adrenalina del día para una servidora llegó de la mano de los fineses Impaled Nazarene. Bajo el inmenso 666 del escenario, los escandinavos salieron al grito de “Suomi Finland Perkele!” y nos lanzaron la primera en la frente, abriendo el show con la apabullante y rápida 1999: Karmageddon Warriors, que dio paso a Violence I Crave.  Flaming Sword of Satan fue una de las cinco canciones del reciente Vigorous and Liberating Death que nos presentaron los de Mika Luttinen, que se personaron en Clisson con sus habituales pinturas de guerra. Saltando al All That You Fear, Kohta Ei Naura Enää Jeesuskaan y Armageddon Death Squad hicieron las delicias de los miles de fanáticos del black congregados en el Temple. Kut finiquitó la primera parte del espectáculo, que prosiguió momentos después con Condemned to Hell, Pathological Hunger for Violence y Motorpenis. Los constantes gestos obscenos de Luttinen caldearon aún más, si cabe, el ambiente en el recinto. El cuarteto finés despidió al respetable con el tridente The Horny and The Horned, Sadhu Satana y Total War, Winter War; un broche de oro a un concierto increíble.

Lo típico, estás en primera fila en un concierto de black metal y comienzas a estornudar sin parar
Sin movernos de la primera fila esperamos la llegada de Turisas, grupo fetiche de una servidora. Con una intro que nos puso los pelos como escarpias, la formación finesa subió al escenario de uno en uno, para abrir el show con el archiconocido himno To Holmgard and Beyond. Un hiperactivo Mathias Warlord Nygård logró meterse al respetable en el bolsillo desde el minuto uno, y nos transmitió su contagiosa energía canción tras canción. The Great Escape, del grandioso Stand Up and Fight, nos enseñó el lado más sinfónico de Turisas, seguido del lado tierno mostrado por el más reciente For Your Own Good, que dejó en evidencia la variedad vocal de Warlord. Uno de los puntos álgidos del concierto llegó con Battle Metal, la canción más famosa del combo de Hämeenlinna, y del modo batalla pasamos al modo fiesta con No Good Story Ever Starts With Drinking Tea, toda una oda al bebercio.

El sexteto finés nos invitó a cogernos de la mano en We Ride Together, una de las mejores canciones de su último disco, Turisas 2013, que sonó rompedor en el Temple francés, seguido de Stand Up and Fight. Para finalizar el show, los ritmos disco aderezados con toques vikingos envolvieron la carpa en un festivo Rasputin que puso punto y final al conciertazo que se marcaron Turisas. Se despidieron del público al ritmo de la ópera Carmen, haciendo reverencias y repartiendo púas y toallas. El concierto completo lo podéis ver aquí.

Podéis apreciar lo mal que lo pasé viendo a Turisas en esta foto. Se me ve sufriendo mucho
Acto seguido, en el Altar vecino comenzaba Kataklysm con un enorme Elevate. Los de Maurizio Iacomo nos dieron una muy buena impresión en los seguidos The Ambassador of Pain y If I Was God… , pero lamentablemente no pudimos ver más de los canadienses, ya que el Mainstage 1 se preparaba para recibir a nada más y nada menos que a Iron Maiden.


He de decir que tenía muchísimas ganas de ver a los ingleses, ya que nunca había presenciado un concierto suyo. Las expectativas eran altas; lo que no me esperaba era que el recinto francés quedará tan abarrotado que allí no cabía ni un alfiler. Los más tempraneros tenían su sitio bien reservado, pero los que nos habíamos quedado viendo el buen hacer de Kataklysm y medimos lo mismo que Tyrion Lannister con tacones tuvimos que conformarnos con ver al combo desde las pantallas gigantes (a veces con pegar saltos llegaba a ver a Bruce Dickinson; algo es algo). Aún así, no me arrepiento de nada, pues desde el comienzo con Moonchild hasta el final con Sanctuary, aquello fue una fiesta sin igual.

¡Y desde la primera, chavales! Bueno, casi...
Cambiando una y otra vez el telón, que nos mostraba las diferentes etapas del combo inglés a través de Eddie, Iron Maiden fueron desgranando su amplia discografía, en el que, para alegría de la mayoría de los allí presentes, los temas clásicos coparon gran parte del show. Can I Play With Madness, 2 Minutes to Midnight y The Number of The Beast fueron de los más coreados en la primera mitad del concierto, sin olvidarnos del genial The Trooper, con Bruce Dickinson agitando rítmicamente la bandera británica. El vocalista no se olvidó del Mundial de fútbol que se celebraba en esos momentos en Brasil, y tuvo amables palabras para el público francés a raíz de su victoria por goleada a Suiza (5-2). Aún así, la música fue la reina de la fiesta, que siguió con Run to The Hills, Wasted Years y la ultracoreada Fear of The Dark. Con Iron Maiden, el sexteto se tomó un ligero descanso que se vio interrumpido por Aces High. La recta final, con The Evil That Men Do, terminó con Sanctuary, y los cabezas de cartel del día se despidieron de una forma muy británica, con el Always Look On The Bright Side Of Life de Monthy Pyton de fondo. Un gran concierto de una grandísima banda que, por fin, después de muchos años, puedo decir que he visto con mis propios ojos.

Un apunte, un detalle que me gustaría comentar. Lo que me sorprende y me sorprenderá per secula seculorum del público francés es esa actitud tan estática y chulesca. En seguida me comprenderéis. Imaginad el caso: estáis en un concierto de Iron Maiden entre decenas de miles de personas, comienza 2 Minutes to Midnight y empezáis a corear la canción (qué raro, ¿eh?)… y veis a la gente dándose la vuelta, señalándoos y mirándoos con desprecio por el simple hecho de cantar la puta canción. Eso es un público de calidad y lo demás tonterías (?!).

Bruce Dickinson, ondeando la bandera británica
En fin, después de las dos horas de concierto de los Maiden, llegaba uno de los momentos críticos del día para una servidora. Las malditas coincidencias, inevitables en un festival con más de 160 grupos, se cruzaron en mi camino, primero con Walls of Jericho-Death-Slayer y después con Sabaton-Enslaved-Electric Wizard. Los tridentes de la muerte. Semanas de lloriqueos en vano, de no poder decidir qué ver y qué no. Ofú. Es lo peor de un festival de este calibre, pero bueno, al menos no me arrepiento de lo que vi.

Así transcurrió la noche: al acabar Iron Maiden, nos dirigimos rápidamente al Warzone, donde Walls of Jericho, con la impresionante Candace Kucsulain a la cabeza, salieron a por todas con All Hail the Dead. No les costó nada ganarse al público, y ya con el segundo trallazo, A Trigger Full of Promises, nos rendimos a los pies de la vocalista, que demostró su talento en cada gruñido que salió por su garganta. Comenzó a sonar Feeding Frenzy cuando salimos, no sin sentir lástima por lo que nos íbamos a perder, hacia el Altar, donde Death to All, el mítico grupo deathmetalero reunido en honor a Chuck Schuldiner, hacía las delicias del respetable con Spiritual Healing. Con Max Phelps como vocalista, el grupo no nos defraudó ni una pizca, y menos con temazos como Crystal Mountain y Spirit Crusher. Y… otra vez salimos de la carpa corriendo a ver los últimos coletazos de Slayer en el Mainstage 2. Que sí, que no están en su mejor momento, que desde que murió Hannemann no son lo mismo… pero unos Slayer en un festival siempre vienen bien. Y más cuando les pillas en un final potente con Raining Blood, Black Magic, South of Heaven y Angel of Death; lo único malo es que te puedes ir despidiendo de los pocos sonidos que hasta ese momento podías articular con la garganta.

Joakim Brodén, vocalista de Sabaton
Acabó Slayer y llegó otro tridente mortal con Sabaton, Enslaved y Electric Wizard. Sintiéndolo mucho, decidimos prescindir de los ingleses (y creo que no fue una mala decisión, a juzgar por las críticas leídas sobre aquél concierto) y hacer fifty-fifty escandinavo. Comenzamos con Sabaton, que abrieron el show con la veloz Ghost Division. Joakim Brodén no paró de correr de un lado del escenario al otro, pero sin dejar de cantar (menuda capacidad pulmonar tiene el colega), y la temática bélica cruzada con los ritmos saltarines de To Hell and Back, primer single del nuevo álbum, Heroes. He de decir que meter unos sonidos de banjo en la canción me pareció buena idea, pero el nefasto sonido que tuvo la mayor parte del tema desmejoró mucho la actuación de los suecos. Eso sí, Carolus Rex y Screaming Eagles sonaron genial, con unos Sabaton en estado de gracia. Con la animada Swedish Pagans nos despedimos de los suecos para entrar en el Temple de Enslaved, que dominaban el escenario con Convoys to Nothingness. El black viking de los de Grutle Kjellson sonaba impecable en la carpa, aunque no había tanta gente como esperábamos. Con la lenta As Fire Swept Clean the Earth dijimos adios a los noruegos para volver al final de Sabaton, que fue toda una fiesta gracias al clasicazo Primo Victoria.

Sintiendo la pesadez de un día tan ajetreado en nuestras piernas, nos pusimos rumbo al pequeño Warzone, donde el plato final del día corría a cargo de Kvelertak.

Kvelertak, un final perfecto para una fiesta perfecta
Los noruegos salieron a por todas con Åpenbaring ante un público entregado y motivado. El sexteto siguió con Spring Fra Livet y Sultans of Satan, con un descamisado Erlend Hjelvik paseando por el escenario entre gritos de los asistentes de la primera fila. Offernatt Nekrokosmos y Fossegrim siguieron con la fiesta, hasta que llegó el punto álgido del show con Blodtørst, que fue LA canción del concierto. Miles de almas saltaban y cantaban al ritmo del combo noruego, que enfiló la recta final con Trepan y Kvelertak. Un final por todo lo alto para la primera, variada y exhaustiva jornada.

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