2014-12-14

Noche de guerras y tanques

Después de meses de esperar y desesperar, por fin llegó el señalado día. El viernes 12 de diciembre, los suecos Sabaton llegaban a Bilbao junto a Korpiklaani y Týr, compañeros en esta parte de la gira Heroes On Tour. La sala Santana 27 se vistió de gala para acoger a los metaleros escandinavos y a las cinco de la tarde, hora y media antes de la apertura de puertas, decenas de personas ya hacíamos cola en las frías calles bilbaínas.


A las siete en punto, la sala recibió con los brazos abiertos a los faroeses Týr, que abrieron la tarde con Blood of Heroes, primer tema de su último y aclamado álbum, Valkyrja. Los fanáticos de los sonidos folkies aderezados con temática vikinga celebraron (celebramos) la veloz Hold The Heathen Hammer High con cánticos que acompañaban a la impecable voz de Heri Joensen, aunque desde las primeras filas no gozamos de un sonido demasiado nítido. Aún así, la fiesta no decayó ni un segundo, en gran parte gracias a Gunnar Thomsen, el bajista de la banda, que no pierde ni una ocasión para animar al respetable. Aunque no sea el más conocido del cuarteto, él es, sin duda alguna, el miembro más carismático.

Heri Joensen y Gunnar Thomsen, miembros de Týr. Foto: Aintzane Larrañaga
Con Grindavísan, el público intentó demostrar que el faroés no supone ningún obstáculo para corear las canciones de principio a fin, aunque acabáramos inventando un nuevo idioma. Brindando con un sonoro "skål!" (salud), Heri Joensen nos guió hacia Mare of my Night, segundo corte de su más reciente trabajo. Su poderosa voz alcanzó sin problemas las notas más bajas y tampoco tuvo contratiempo alguno con los agudos. Tróndur í Gøtu, de corte más animado y festivo, puso patas arriba las filas frontales de la sala, que recibieron la canción con más coreos en faroés inventado y brincos, muchos brincos. El guitarrista Terji Skibenæs y el bajista Gunnar Thomsen recorrían el escenario animando al público, que se entregó a la fiesta de los escandinavos. Sin salir del álbum By The Light of The Northern Star, el cuarteto nos obsequió con una gran y potente By The Sword in My Hand, seguido de la clásica Sinklars Vísa, la canción más veterana del setlist. La verdad es que este tema sonó mucho más cañera que en su versión de estudio, cosa que pareció agradar a los allí presentes.
Terji Skibenæs, guitarrista de Týr. Foto: Aintzane Larrañaga

Heri Joensen, vocalista y guitarrista de Týr. Foto: Aintzane Larrañaga
Ya en la recta final del show, viajamos con los cambios de ritmo de Lady of The Slain hasta la grandiosa Shadow of the Swastika, que puso punto y final al breve concierto que duró unos 40 minutos que se nos pasaron volando. Deprisa y corriendo, casi sin tiempo a despedirse, Joensen y los suyos salieron del escenario tras repartir tres o cuatro puas y las baquetas de Amon Djurhuus, el joven batería del grupo que completó una discreta pero buena actuación tras los bombos.

Tras el buen sabor de boca que nos dejaron los faroeses, tuvimos que esperar unos 20 minutos antes de que todo se preparara para recibir a Korpiklaani. He de confesar que no estaba demasiado entusiasmada, ya que, de los tres grupos que actuaban, eran los que menos me agradaban, y el hecho de que la mayoría del setlist se conformara con temas del último álbum no presagiaba nada bueno.

Prejuicios aparte, Tuonelan Tuvilla abrió el espectáculo de los fineses, que salieron con fuerza al escenario. Ataviado con ropa de cuero y un elegante abrigo, el alegre vocalista Jonne Järvelä no paró de bailar ni un segundo, y la festiva Juodaan Viinaa caldeó la tarde-noche bilbaína. Uno de los puntos álgidos del show llegó con Metsämies, uno de los grandes clásicos de la banda, que, a decir verdad, nos brindó una grata sorpresa. El guitarrista Kalle 'Cane' Savijärvi, el acordeonista Sami Perttula y el bajista Jarkko Aaltonen, que parecía haberse disfrazado de Billy Gibbons para la ocasión, hicieron compañía a Jonne en los bailes; hasta Tuomas Rounakari, el tímido violinista, se sumó a la fiesta.
Cane (guitarra), Matson (batería) y Sami Perttula (acordeón). Foto: Aintzane Larrañaga
Siguiendo con el repaso a Manala, su último trabajo de estudio, el ambiente decayó un poco, aunque no tardó en desatarse la locura con Vodka, una de las archiconocidas odas al alcohol del sexteto finés. Acercándonos al final, la larga y lenta Sumussa hämärän aamun no fue la mejor elección del grupo ya que, sin ser mala canción, dejó bastante frío a la mayoría del público. El propio Jonne se dió cuenta de nuestra no demasiada positiva reacción, y cantó con cara triste una de las estrofas señalando a una servidora, pensando que estaba llorando aunque lo único que hacía era rascarse los ojos. Los inconvenientes de tener poco disimulo, vaya.

Jonne Järvelä (voces) y Jarkko Aaltonen (bajo). Foto: Aintzane Larrañaga
El último sprint, con Kultanainen y la repetitiva Rauta, que nos dejó un buen rato gritando Iske! Iske!. Para ser sincera, creo que tienen temas mucho mejores de sobra para terminar un show por todo lo alto. Happy Little Boozer, Wooden Pints o incluso Beer Beer hubiesen sido la guinda de un pastel mejorable en todos los aspectos. Pero no nos vamos a engañar, los clásicos nos hicieron saltar y disfrutar de lo lindo, y eso bien se merece un aplauso.

Nos despedimos de los finlandeses y los nervios flotaban en el aire. Los que ocupabamos las primeras filas notamos cómo más y más gente comenzaba a desplazarse hacia adelante, con la intención de ver a los guerrilleros suecos más de cerca. Las nueve y cuarto era la hora señalada, pero la casi media hora de espera fue agónica. La música de ambiente creaba una tensión casi palpable, mientras veíamos a los técnicos vestidos de soldado desfilar por el escenario cargados de cascos, redes y cajas que bien podrían estar llenas de artillería. Un gran tanque en el centro de las tablas alojaba la batería de Hannes Van Dahl, aunque estuvo cubierta con mantas hasta que llegó la hora. Precedidos por The Final Countdown y The March to War, el batería, los guitarristas y el bajista saltaron a escena enérgicamente, como en habitual en sus shows. La lejana voz de Joakim Brodén nos anunció la llegada de Ghost Division, y segundos después, el carismático vocalista entro corriendo en la sala, a la vez que entonaba las primeras frases de la canción. Desde el minuto uno, Sabaton conquistaron al público con grandes dosis de energía y simpatía, y las melodías bélicas inundaron el recinto. Además, el "eskerrik asko Euskadi!" que gritó a mitad de canción sorprendió y emocionó a los allí presentes.

TANK you, Sabaton. Foto: Aintzane Larrañaga

Joakim Brodén, vocalista de Sabaton. Foto: Aintzane Larrañaga
To Hell and Back, extraído de su último trabajo, Heroes, tuvo una acogida excepcional, y todos los allí presentes saltamos al ritmo de la canción, incluídos los miembros del grupo. Cabe destacar la capacidad vocal de Joakim Brodén, que, aun brincando, siguió cantando sin perder el aliento. 

Tras la segunda embestida, el vocalista, agradecido por la buena acogida, saludó al público con un "gabon Bilbao" que nos supo a gloria, y nos invitó a dar palmas para acompañar a la gran Carolus Rex. El quinteto sueco no lo tuvo nada fácil para continuar con el show con los cánticos del público tras cada tema. Además, el vocalista contó que aquel viernes hacía justo 15 años del primer concierto de Sabaton, al que confesó haber asistido con una sudadera de Backstreet Boys, lo que desató las carcajadas de los asistentes. Tras cantarles Zorionak zuri por el aniversario, el regalo llegó por parte del grupo, con la apabullante 40:1. 

Pär Sundström (bajo), Thobbe Englund y Chris Rörland (guitarras). Foto: Aintzane Larrañaga
Comunicativo como el que más, Joakim Brodén nos dijo que tenían dudas sobre el tema a tocar a continuación, y que necesitaban nuestra ayuda. Así, animó al público a que decidiera si quería escuchar Gott Mit Uns en inglés o en sueco. Democráticamente, a base de gritos, se impuso la versión sueca, por lo que procedieron a cantar la canción en su propio idioma. Usaron el mismo sistema hasta dos veces más, haciéndonos elegir entre Soldier of Three Armies y Smoking Snakes (ambas del último álbum, se impuso la primera) y entre The Carolean's Prayer, Far From the Fame y Ein Livstid I Krig (otra vez más, ganó un corte de extraído Heroes). Entre una y otra votación, los guerrilleros suecos tocaron temas con más historia como 7734, Attero Dominatus y The Art of War, con tanto ímpetu que al vocalista se le rompieron los pantalones a la altura de sus partes nobles. Tomándoselo con humor, se dirigió a la parte femenina de la audiencia, recomendándonos, entre risas, mirarle a la cara.

A mitad de concierto, un técnico se acercó con una guitarra hacia el vocalista, que se jactó de poder tocar mejor que los hachas de la banda. Este divertido duelo/pique acabó en una mezcla de Metallica, Iron Maiden y Kiss que... mejor juzgad vosotros mismos (vídeo grabado por servidora):


Tal y como véis, antes de comenzar con Resist and Bite, donde Joakim estuvo más que correcto a las guitarras, nos señaló y nos dijo que nos odiaba porque le pedimos que tocase el mítico Y.M.C.A. de los Village People. Y no fue una elección casual, ya que pudimos presenciar su show en el último Hellfest y así sí que se atrevieron a tocarla (podéis verlo en este vídeo).

Thobbe Englund y Joakim Brodén, porque en el heavy metal nunca hay demasiadas guitarras. Foto: Aintzane Larrañaga
La verdad es que el odio le duró poco al vocalista; nada más terminar la canción, se dirigió a una servidora ("The girl with the big, beautiful... eyes" según Brodén), pidiéndole que eligiera la siguiente canción entre Uprising, White Death y Screaming Eagles. Halagada ante tal honor, le comuniqué mi decisión, y mis deseos fueron órdenes: la velocidad de Screaming Eagles inundó la sala, y nuestras melenas ondearon de una forma de la que nos acordamos al día siguiente cuando intentamos mover los cuellos con normalidad entre maldiciones. Fue una canción memorable, puro Sabaton, con todos los miembros (excepto Hannes, claro, atrincherado en las alturas en su enorme tanque) yendo y viniendo de un lado a otro del escenario, saltando, animando, ofreciendo un espectáculo que nada tiene que envidiar a los "grandes" del género.

Tras un brevísimo descanso, los sonidos de sirenas nos condujeron a Night Witches, primer corte del reciente Heroes, que trajo a la banda de vuelta sin perder un ápice de energia. Así, llegamos al himno por excelencia de los suecos, Primo Victoria, que, sin movernos del sitio, nos transportó al desembarco de Normandía.
"¿Que hay poco sitio para correr? No importa, tengo un tanque". Foto: Aintzane Larrañaga

Pär Sundström, bajista de Sabaton, no paró de sonreir durante todo el bolo. Foto: Aintzane Larrañaga
La noche iba llegando a su fin, pero el público se negaba a terminar la velada sin una buena dosis de Swedish Pagans. El vocalista, percatándose de que gran parte de la audiencia coreaba la famosa introducción de la canción, lamentó que dicho tema no se encontraba en el setlist de la noche. Acto seguido, el bajista Pär Sundström cogió la lista de canciones y la rompió entre vítores de los allí presentes. Aún así, Brodén no se mostraba demasiado convencido del cambio... hasta que un sujetador aterrizó entre sus brazos. Después de agradecer el gesto a la muchacha con un "eskerrik asko", se lo probó y decidió que aquello merecía una respuesta adecuada. Así pues, Swedish Pagans hizo las delicias del público, que no paró de saltar y cantar al ritmo de los suecos.

"Mmm... espero que sea de mi talla". Foto: Aintzane Larrañaga
Y así, casi sin darnos cuenta, llegó la hora de la despedida con Metal Crüe, tema con el que Sabaton pusieron punto y final a una noche memorable, no sin antes intercambiar sus míticas gafas con un asistente, que seguramente guardará el regalo como oro en paño. Nos dijeron no adiós, sino hasta pronto, prometiéndonos que volverían pronto. Que así sea; los recibiremos con los brazos abiertos.

Una servidora, nada contenta con las gafas de Joakim Brodén
Cabe destacar que después del concierto, tanto el vocalista como el guitarrista Chris Rörland se mostraron muy amables y simpáticos con los fans a la salida del recinto, firmando discos, fotos y camisetas y sacándose fotos sin poner ninguna pega. Debo reconocer que fue muy agradable poder charlar con ellos, lo que mejora aún más la experiencia. Eskerrik asko, Sabaton!

Aquí tenéis un vídeo resumen de lo que aconteció en esa mágica noche en Bilbao, cortesía de Sergio Martínez. (Intros, Ghost Division, Carolus Rex, Attero Dominatus, Night Witches, Primo Victoria y Swedish Pagans).

Y, para terminar, os dejo una frase de uno de los técnicos de Sabaton que hizo que nos echaramos unas buenas risas. Skål!
"Reality is an illusion caused by the lack of alcohol"




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